Mauricio's profileEl Blog de Mauricio Gonz...PhotosBlogListsMore ![]() | Help |
|
|
¡Al diablo con mi cliente!De todas las mantras que pueblan el imaginario de los negocios, ninguna ha provocado tantos sinsabores y disgustos como la que reza que “el cliente siempre tiene la razón”. ¿Cuántas veces hemos fantaseado con moler a golpes o disolver en ácido a un cliente que nunca reconoce nada y sólo sabe quejarse? Muchas, pero nunca lo hacemos. La justificación: la creencia generalizada de que factores como la satisfacción y el servicio cobran cada vez más importancia como diferenciadores en una economía donde el precio y la calidad de los productos tienden a la homogeneidad. En principio, la asunción es correcta: ¿quién podría negar que un distinguido servicio al cliente ha sido el factor de éxito de Four Seasons, Starbucks, American Express y Bimbo, por nombrar algunas? El problema, sin embargo, no es el papel preponderante que ha alcanzado la atención al cliente en las actuales filosofías organizacionales, sino la manera en que se conceptúa la noción misma del término “servicio”: un verdadero profesional de customer service no es el ejecutivo que sólo sabe bajar la cabeza y decir “sí”, sino una persona que no confunde una atención de excelencia con el cumplimiento de caprichos que terminan por convertirse en amenazas para la rentabilidad. Es decir, un profesional de servicio al cliente es aquel que comprende que “el cliente siempre tiene la razón…. siempre y cuando sea rentable”. Identificar a un mal cliente es sencillo: es desorganizado; nunca está contento con el servicio; nunca paga a tiempo y sólo lo hace tras varios recordatorios; no escucha recomendaciones; la relación con sus proveedores se resume en pedidos que son una emergencia tras otra, por lo que espera que se le atienda durante los fines de semana y en los horarios más insólitos; maltrata a los miembros de la empresa que llevan su cuenta; se le ocurren nuevas especificaciones en el último minuto (o incluso cuando el trabajo ya está entregado); habla mal de todos; etcétera. ¿Por qué aferrarse
a estos “clientes infernales”? De acuerdo con Iván Camargo, director de
Congress, compañía dedicada a organizar congresos y conferencias ejecutivas
para organizaciones de los tamaños más disímiles (lo que ha redundado en que él
mismo haya experimentado las exigencias de numerosos “clientes infernales” de
diversos rangos), el asunto es
complicado: Ahora bien, un mal cliente no es sinónimo de un cliente no rentable. ¿Cómo separar a los dos? Para Richard Whiteley, autor de The Customer Driven Company, se deben de considerar tres principios: a) Definir quiénes son los clientes en línea con la razón de ser de nuestra empresa. Sólo se debe ofrecer lo que se puede cumplir. Más que contar con “clientes infernales”, varias empresas poseen clientes cuyas demandas nunca han empatado del todo con los servicios que éstas ofrecen. El resultado: una relación condenada al encono. No son pocos los que prefieren aferrarse a la idea de que es preferible vender lo que sea, bajo las condiciones que sean, que perder a un cliente. Al final del día, piensan, quienes tendrán que lidiar con el embrollo son los departamentos de servicio, y no los comerciales. Es algo que puede evitarse: todos los departamentos están obligados a conocer a fondo las capacidades de la empresa y sus productos con el fin de transparentar la relación con sus clientes y, en consecuencia, evitar reclamos posteriores. El pecado original consiste en aceptar contratos a sabiendas de que no van a ejecutarse de manera satisfactoria. Si no se le puede cumplir a un cliente, lo mejor es conminarlo a que seleccione un proveedor más adecuado a sus requerimientos. b) Diferenciar entre un cliente infernal y uno difícil (pero educable). Hay veces en las que un cliente que luce difícil al principio termina siendo un consumidor rentable y leal. Antes de tomar una decisión en torno a un cliente, se debe analizar el historial detallado de éste y ponderar la naturaleza de los equívocos en la relación. No es extraño que existan clientes que, más que ser intransigentes, cometen excesos debido a que están emprendiendo una nueva actividad empresarial o se encuentran presionados por una coyuntura específica. De ser así, hay que educar a ese cliente e incentivarlo para que cambie su comportamiento. Los clientes tienden a agradecer que se les enseñe a manejarse con propiedad. c) Lo cortés no quita lo valiente. Aunque es comprensible lo difícil que puede ser resistir el impulso de mandar a un cliente grosero al demonio, todo profesional sabe que una persona ofendida puede transformarse en publicidad negativa para la empresa. La separación de un cliente infernal no es muy diferente a un matrimonio que se divorcia: la mejor forma de decir adiós es con cortesía, no porque no queramos cobrarnos todos los maltratos a los que fuimos sujetos, sino porque nunca se sabe si la otra parte está dispuesta a prolongarlos una vez que hayamos terminado la relación. +Sígueme en Twitter: twitter.com/mauroforever ++Interesado en ideas y posmodernidad: Visita mi blog Perdido en el siglo. +++Este texto se publicó en una versión distinta en www.monster.com.mx , así como en la revista Deep de septiembre. ¿Salir o no del clóset?, dilema profesionalLa división mexicana de Monster.com, uno de los portales líderes en búsqueda de empleo, me solicitó hace unos meses una serie de colaboraciones que abordaran algunos de los puntos más controversiales e interesantes de la cultura organizacional de México. A continuación, reproduzco el siguiente texto sobre la homosexualidad y el dilema de ventilarla en la oficina, un tema muy poco abordado en la literatura de RH en nuestro país. Empecemos con una obviedad: salir del clóset en el ámbito laboral –o sea, declararse abiertamente homosexual ante los colegas de la oficina-, no es una decisión cien por ciento ligada a la esfera de la aceptación individual del propio ser, sino más bien de una disyuntiva consistente entre participar o no en la doble moral que aún predomina en un buen número de empresas de Latinoamérica. No es una decisión fácil, pero supongo que tampoco implica revivir los temores internos con los que una persona debe de lidiar cuando reconoce en su adolescencia que le gustan las personas de su mismo sexo. Si un individuo no se acepta en su adolescencia como homosexual, y decide perpetuar el autoengaño en la edad adulta, pues siempre vivirá inserto en una mentira que va a marcar todos los aspectos de su vida social, por lo que no tiene sentido particularizar el caso al hábitat laboral. Si, en cambio, la persona se ha aceptado como homosexual y adopta un estilo de vida congruente con esa preferencia, entonces el tema de revelar su preferencia sexual en el trabajo adquiere tintes netamente pragmáticos: ¿qué clase de reacciones va a conllevar la revelación ante sus colegas? ¿Puede ser contraproducente para sus ambiciones? ¿Será un obstáculo en su desarrollo profesional? El asunto es un juego de hipocresías: si una persona homosexual, por discreta que sea, se asume como tal con su familia, amigos y parejas, va a ser muy difícil que algún colega de su empresa no se percate de ello: siempre existe un compañero o compañera en la oficina con la que se comparte información sensible que rara vez queda en secreto; tampoco faltará el desafortunado encuentro azaroso con el chismoso que capta a su colega homosexual con las manos en la masa en el cine o el supermercado. El punto sensible radica en mantener o no las apariencias de lo que la compañía considera moralmente correcto. Así que salir del clóset en la empresa no consiste en sorprender a la oficina con una increíble revelación (¡Godínez es gay!), sino en ratificar sin complejos lo que todos en ella ya sabían, o por lo menos sospechaban. Bajo este contexto, el principal factor que debe influir en la decisión es el grado de conservadurismo de la empresa para la que se labora, el cual generalmente está asociado con sus esquemas de gobernanza. Es un asunto de sentido común: Si una empresa es vertical y el peso de la toma de decisiones está en manos de una familia tradicional, como es el caso de la aplastante mayoría de los consorcios regiomontanos, pues quizá lo mejor sea mantener un bajo perfil; si, por otro lado, se trata de una empresa donde la movilidad jerárquica se da bajo un esquema más institucionalizado y heterogéneo, es probable que las consecuencias de salir del clóset sean mucho más reducidas. No sólo hay que preocuparse por los de adentro El juego de espejos de la interacción social se complica aún más frente a una variable pocas veces considerada, pero en extremo relevante: las actitudes que puedan asumir ante el destape algunos actores periféricos de vital importancia para la empresa, como lo pueden ser clientes, proveedores o aliados. Si un cliente particularmente conservador se entera de que su cuenta es llevada por un homosexual, ¿se corre el riesgo de que la retire? No se trata de escenarios poco probables. David Carballo, director de Grado 7, la división antropológica de la agencia publicitaria JWT, señala que en su experiencia se ha topado con clientes que le han pedido remover a miembros abiertamente homosexuales del manejo de determinadas cuentas, a lo que siempre se ha negado con contundencia. Por otro lado, MTV Latinoamérica también ha enfrentado problemas similares respecto a su programación, ya que algunos de sus anunciantes no desean aparecer junto a contenidos donde se abordan temáticas homosexuales. Mario Cader-Frech, vicepresidente de Responsabilidad Social de MTV Latinoamérica, explica: “Mientras otros canales se negaban a tocar el tema, nosotros fuimos los primeros en hablar abiertamente sobre cuestiones relacionadas con la sexualidad, como la discriminación antigay. Estamos conscientes que muchos anunciantes no comulgan con esta filosofía. Por eso, desde nuestros comienzos en Latinoamérica, la difusión de estos programas de conciencia social nunca ha estado condicionada a un patrocinio, lo que nos ha permitido hablar con libertad y desarrollar una personalidad abierta. La audiencia reconoce esto y percibe al canal como algo integro y real.” Lamentablemente, JWT y MTV, empresas cuya identidad de marca está asociada con un espíritu libertario e iconoclasta, son casos excepcionales. La verdad sea dicha, la mayoría de las compañías no está dispuesta a sacrificar cuentas o ingresos por mantener un espíritu políticamente correcto.
Aunque el hecho de manifestar una homosexualidad sin tapujos siga siendo un acto contraproducente para el desarrollo laboral de varios ejecutivos latinoamericanos, no todo es de color negro. Uno de los ejes en los que descansa la Responsabilidad Social Empresarial es, precisamente, la abolición de prácticas discriminatorias en el empleo y la ocupación. Conforme la idea de ser socialmente responsable cobra más fuerza, sea por convicción propia, sea por presión de la sociedad, cada vez más empresas asumen en sus esquemas directivos lineamientos trazados por organismos como el Pacto Mundial, de la ONU, donde se establecen recomendaciones abocadas a construir un esquema de respeto y justicia (como crear una política transparente aplicable a toda la actividad de la compañía). A final de cuentas, la globalización no se reduce al libre mercado y el avance tecnológico; aunque a veces tienda a obviarse, también implica el respeto irrestricto al derecho de no ser discriminado por tener una preferencia sexual distinta a la del jefe.(F) *Mauricio González Lara en Twitter: http://www.twitter.com/mauroforever *Más artículos de Mauricio González Lara en Monster.com.mx: ¿Cómo vender una marca en el 2009? Profesionales de TI: consejos para el 2009 Talento: verdadera solución para tiempos de crisisLa división mexicana de Monster.com, uno de los portales líderes en búsqueda de empleo del orbe y una de las marcas más reconocidas de Internet, me solicitó una colaboración en torno a la importancia de la atracción y el desarrollo de talento en tiempos de crisis, un tema que a mi juicio es crucial para la sobrevivencia de nuestras empresas. Esta es la declaración de principios que entregué: Estamos en Alaska. Un avión con cuatro hombres a bordo, tres turistas y el piloto, sobrevuela los bosques. Uno de los motores explota y la nave se precipita hacia el lago. El piloto muere y Charles, Stephen y Robert quedan atrapados en un contexto conformado por el creciente frío, la ausencia de comida y el constante acecho de los osos grizzli. La muerte parece segura, pero Charles, exitoso entrepreneur en su vida urbana, se sobrepone al pánico y transforma la inmovilidad en acción: Charles: Saben, una vez leí un libro muy interesante que decía que la mayoría de las personas que se pierde en los bosques muere de vergüenza. Stephen: ¿De vergüenza? Charles: Sí, de vergüenza. Se atormentan con preguntas: ¿Qué hice mal? ¿Cómo no vi venir esto? ¿Cómo pude ser tan estúpido para perderme? Pero no ejecutan el único acto que puede salvar sus vidas. Robert: ¿Y qué acto es ése? Charles: Pensar. Esa es la historia de The Edge, la película dirigida por Lee Tamahori y protagonizada por Anthony Hopkins que se ha convertido en un referente en las escuelas de negocios para las materias de liderazgo y capital humano. La premisa va a ser aún más pertinente en este 2009: hoy, frente a la crisis financiera que azota al mundo, un buen número de organizaciones se encuentran enfrascadas en procesos terminales de vergüenza. “¿Cómo nos metimos en esto?”, “si tan sólo hubiéramos tomado más previsiones”, ¿cómo sobrevivir?”, son preguntas que se repiten incesantemente en todos los círculos empresariales, sean Pymes o enormes corporativos. El pánico nubla la vista de varios directivos, quienes tras lamentarse confunden lo urgente con lo importante, y lo coyuntural con lo trascendente: actúan impulsivamente; recortan presupuestos sin pensar, e irónicamente, descuidan al único activo capaz de asegurar la sobrevivencia: al capital humano, es decir, a la suma de talentos necesaria para que la empresa, lejos de comportarse mecánicamente, delinee las medidas más efectivas ya no sólo de enfrentar la crisis, sino de transformarla en una oportunidad que la proyecte ventajosamente a largo plazo.
En el discurso, casi todos comparten la opinión de que vivimos en una era del conocimiento donde manda el talento, por lo que una organización crece mientras más talento se desarrolle en su interior; en la práctica, empero, todavía hay directores que piensan que la dinámica óptima para administrar una empresa es a través de la reducción de los costos de contratación; siempre y cuando exista un grupo compacto de talentos en la compañía –a veces, ese grupo es tan compacto que sólo incluye al director general-, asumen que las operaciones pueden funcionar normalmente si se contrata al mínimo común denominador posible. Si se cumple con lo básico, deducen, la empresa no requiere de más talentos que la hagan pensar. Craso error En el célebre ensayo Group Think: What does “Saturday Night Live” have in Common with German Philosohy (The New Yorker, diciembre 2002), Malcolm Gladwell, autor de Blink: inteligencia intuitiva, llega a una interesante conclusión: los genuinos innovadores no son personas que actúan en solitario. Casi todos han sido productos de la convivencia. Freud delineó los fundamentos del sicoanálisis, pero el génesis de esos fundamentos se da en 1902, cuando Alfred Adler, Wilhem Shekel, Max Kahane y Rudolf Reitlwer se reunían a tomar café en la casa de Sigmund. Pisarro, Degas, Monet y Renoir asistían a las tertulias del café Guerbois de la rue des Batignolles. Jean Luc Godard no sería director de cine si no hubiera conocido a Francois Truffaut y Claude Chabrol, con quienes escribía en la revista Cahiers du Cinema en los 50. Y la lista sigue: del existencialismo alemán a los comediantes del programa Saturday Night Live, la constante es evidente: la innovación requiere de “grupos inteligentes”. Una empresa trasciende cuando construye “sociedades de admiración mutua”; sin una política de Recursos Humanos que privilegie la atracción de los mejores y los más calificados, tal admiración es imposible. Como bien dice el investigador Jim Collins en Built to Last, el ya clásico estudio donde se analizan cuáles son las características de las empresas que logran perdurar por varias décadas, el “quién” importa más que el “qué”. Sobre todo en momentos de crisis, cuando la creatividad y la capacidad de ejecución de los más brillantes permiten generar la flexibilidad suficiente para reaccionar con rapidez e inteligencia. Conclusión: en épocas de estabilidad, invertir en la atracción y desarrollo de talento es una prueba de inteligencia y buen juicio; en tiempos de crisis, sin embargo, es un acto imperativo para sobrevivir. Quizá la única manera de sortear los peligros del bosque y llegar sanos y salvos a nuestro destino. (F) *Más artículos de Mauricio González Lara sobre negocios, management, marketing y tendencias en altaempresa.com
*Más sobre su primer
libro de negocios, Responsabilidad Social Empresarial, "aquí" Workaholic, espécimen insoportable
Seguramente usted los conoce o, peor aún, es uno de ellos. Y si no, va una escena recurrente de la cotidianeidad corporativa mexicana para que los identifique. Frente al problema de la baja efectividad en la consecución de los objetivos de la compañía, los directivos de una trasnacional convocan a una junta de emergencia. Tras varias horas de estar deliberando en torno a los problemas de la compañía, un ejecutivo, por lo general de reciente ingreso, pide la palabra y, con tono serio y regañón, le echa en cara a sus colegas que más allá de las dificultades comunes –problemas mercadotécnicos, altos costos, baja demanda--, el principal problema de la organización radica en la falta de compromiso. Con el objetivo de avergonzarlos, el nuevo ejecutivo, protegido por la sonrisa anuente del director, que le observa como el amo mira a una mascota obediente, llega al extremo de sugerir que esa falta de compromiso es una condición consecuente con la naturaleza mexicana, y para demostrarlo hace uso del sobado recurso de su experiencia en el extranjero.
El ejemplo del “workaholic” –esa persona que ve al trabajo como origen, desarrollo y fin de toda su vida--, es una moneda común de los directores para motivar a empleados que se encuentran carentes de energía porque han dejado de encontrar satisfacción en lo que hacen o, de plano, nunca lo hicieron y han llegado a un grado en que su holgazanería ha encontrado un punto de no retorno. Como sea, lo cierto es que la intención de exhortarlos a convertirse en “workaholics” es una dinámica que casi siempre resulta ineficiente. La razón es simple. Adictos al trabajo siempre ha habido, pero el “workaholic”, aquel que no encuentra un placer mayor al trabajo, es una invención posmoderna que nunca funcionó; una derivación del ideal romántico basado en iconos inalcanzables al estilo de Richard Branson o Steve Jobs; una noción del entrepreneur “cool” que trabaja para realizar sus sueños y no para hacer dinero, puesto que siempre ha sido rico y trabajar por más dinero sería, expresado en términos sutiles, visto como algo de “muy mal gusto” entre los miembros de su elevada clase social. Por ejemplo, hace seis años, cuando la explosión de las “punto com” estaba en su apogeo, no había nada más “fashion” que ser un “workaholic” que trabajaba en una “start-up” de la nueva economía. Hoy, ya pasada la cruda y después de que todos esos emprendedores que empeñaron todos su dinero y esfuerzo se quedaron sin nada, pocas cosas menos “cool” en el mundo anglosajón que declararse un “workaholic”.
Poco antes de fallecer, durante una de sus últimas entrevistas, Anita Roddick, fundadora de The Body Shop, la famosa franquicia de productos de belleza, precisó el problema implícito en contratar a un workaholic: “Un empleador eficiente debe buscar personas equilibradas con prioridades que vayan más allá del trabajo. En lo personal, yo no contrato a gente que sea vea a sí misma con un alto grado de pretensión. A esos los mando con mi competencia, pues generalmente matan la chispa creativa que me gusta asociar con mi trabajo, pero que no necesariamente se nutre dentro de la oficina”.
En síntesis, una persona requiere de un tiempo y espacio ajenos al entorno laboral para recargar baterías creativas y sentimentales; dinámica que se torna imposible para un “workaholic”. No importa cuánto nos guste nuestro trabajo, todos necesitamos desintoxicarnos de la oficina. La única manera de conseguir esto, obvio, es alejándose de ella. Así que si en la próxima junta de su compañía ve a un tipo insoportable con la intención de hacer una apología al sacrificio laboral, recuérdele que incluso Richard Branson se da su tiempo para viajar en globo o correr coches de carreras. (F)
Mas información sobre cultura organizacional: www.altaempresa.com
Pros y contras de trabajar soloEl escenario es tan clásico como frustrante: imagine que usted está en una fiesta y decide platicar con personas relativamente desconocidas, “amigos de amigos”. Para romper el hielo, comienza a hablar de lo difícil que le resulta atravesar el tráfico para llegar a su trabajo, o sobre lo demandante que es dejar a los hijos en la escuela cuando hay que estar a las 9 de la mañana en una junta, o simplemente del extenuante tiempo que pasa en la oficina día tras día. -¿Y tú cómo le haces?, pregunta usted con dudosa curiosidad. –Yo trabajo desde mi casa- responde el interlocutor, no sin un dejo de ironía malintencionada orientada a hacerlo sentir como un triste burócrata. Peor aún, el “amigo de su amigo” le empieza a contar que él trabaja desde su casa porque es “freelance” y la naturaleza de su trabajo es “creativa” (o sea: diseñador, experto en cómputo o escritor); así las cosas, su naturaleza innovadora e independiente lo salva de codearse con tipos trajeados, con oficinistas grises que simplemente no le ayudan a generar ideas. Usted, obvio, finge que el comentario le resulta inocuo, pero en realidad se siente perturbado y, una vez que termina la plática, corre a la barra a servirse un trago y reflexiona sobre la supuesta miserabilidad de su existencia. “Trabajar desde la casa” suena a sueño hecho realidad: horarios flexibles, tiempo para la vida personal y, sobre todo, la carencia del estrés inherente al trabajo de oficina (jefes exigentes, compañeros de trabajo antipáticos, espacios físicos reducidos, etcétera). ¿Le agrada la idea? Seguramente sí. Hasta hoy, son muy pocas las compañías mexicanas que han tomado en cuenta lo anterior, por lo que es raro encontrar empresas con esquemas que permitan -cuando las funciones del puesto también lo facilitan- que sus empleados se incorporen a formas de trabajo tendientes al desempeño en el hogar. ¿Y sabe qué? En buena medida, tienen razón. Sé que no es una noción muy popular, e incluso habrá personas que la tachen de controversial y retrograda, pero a menos de que usted sea un artista que necesite de reclusión total para materializar su obra, el trabajar desde la casa es una muy mala idea. La causa no radica en que promueva la indisciplina o esquemas laxos de supervisión que garanticen la eficacia –si bien algo podría argumentarse al respecto-, sino en una razón más sencilla: los “llaneros solitarios” no son personas que promuevan la creatividad; por el contrario, la innovación es un fenómeno que explota a través de la interactividad y de formas de convivencia social sólidas y constantes. En el célebre ensayo Group Think: What does “Saturday Night Live” have in common with German philosophy (The New Yorker, diciembre 2002), Malcolm Gladwell, autor de Blink: Inteligencia Intuitiva, reflexiona al respecto y llega a una interesante conclusión: aunque a veces estemos inclinados a pensar lo contrario, los genuinos innovadores no son personas solitarias ajenas a la necesidad del reconocimiento social que muchos anhelamos. De hecho, señala Gladwell, sólo tres grandes pensadores a lo largo de la historia han sido “llaneros solitarios”: Wang Chung, teórico del taoísmo metafísico que ayudó a definir el tenor religioso del primer siglo después de Cristo; Bassui Tokusho, importante místico zen del siglo XIV, e Ibn Khaldun, intelectual que marco la filosofía árabe de los siglos XIV y XV. Todos los demás han sido productos de la convivencia. Freud delineo los fundamentos del psicoanálisis, pero el génesis de esos fundamentos se da 1902, cuando Alfred Adler, Wilhem Shekel, Max Kahane y Rudolf Reitlwer se reunían a tomar café en la casa de Sigmund. Pisarro, Degas, Monet y Renoir asistían a las tertulias del Café Guerbois de la Rue des Batignolles. Jean Luc Godard no sería director de cine si no hubiera conocido a Francois Truffaut y Claude Chabrol –a la postre también directores- cuando escribía en la redacción de la revista Cahiers du cinema, en la década de los 50. Y la lista sigue: del existencialismo alemán a los comediantes del programa “Saturday Night Live”, la constante es evidente: para innovar se requiere de retroalimentación, de un intercambio inteligente y propositivo. Gladwell puntualiza que no es que la innovación sea el factor de atracción para formar “grupos inteligentes”, sino que la innovación se genera en “grupos inteligentes”. La validación, la conversación, la intimidad y el brillo en los ojos de la otra parte cuando detecta algo original, son los elementos que le dicen a una persona si su idea es algo que valga la pena explorar. Una empresa es innovadora cuando construye “sociedades de admiración mutua” entre sus ejecutivos más inteligentes; cuando logra que sus elementos más valiosos interactúen con el mismo “timing creativo” que despliega un buen grupo de comediantes. Las ideas interesantes nacen de esa clase de interacción; y no de un tipo arrogante que se congratula a sí mismo en las fiestas por no tener que convivir con los demás. Hasta “El Llanero Solitario” contaba con “Toro” para rebotar ideas. +Con el fin de promocionar mi libro Responsabilidad Social Empresarial, editado por Grupo Editorial Norma, voy a estar presente en ExpoManagement 2008. E l miércoles 11 de julio daré la conferencia Responsabilidad Social y medios de comunicación, de 16:30 a 17:15 horas en el Auditorio de Responsabilidad Social del Area de Negocios de ExpoManagement. Si deseas asistir gratuitamente a la conferencia, puedes presentarte en la zona de registro del Area de Negocios de ExpoManagement a las 16:00 horas y preguntar por el representante de Editorial Norma, que estará presente sólo a partir de esa hora, para que te dé la acreditación correspondiente y puedas ingresar a la conferencia. El representante de Norma sólo estará presente de 16:00 a 16:20 el miércoles 11. Si vas a otra hora, no se te dará acceso gratuito. ExpoManagement se llevará a cabo en el Centro de Convenciones Banamex, atrás del Hipódromo de Las Américas del DF. ¡Allá nos vemos! Será un gusto saludarte en persona. ¿Por qué no respondemos los "mails"?![]()
Para nadie es secreto: el ejecutivo mexicano cree, o por lo menos actúa como si en verdad lo creyera, que responder mails de trabajo es una actividad opcional; está firmemente convencido de que el correo electrónico es una forma de comunicación informal, a la cual puede elegir hacerle caso o no. Esta práctica, quizá más latinoamericana que privativamente mexicana (este fenómeno también es muy común en Argentina y Colombia, por mencionar dos ejemplos con los que he tenido contacto directo), está ampliamente generalizada y no respeta tamaño de empresas ni jerarquías.
a) ¿Es de mi incumbencia? Si el mail no hace mención directa a su labor, éste será desechado inmediatamente por el receptor. No estamos hablando de spam ni de vendedores, sino de solicitudes relevantes como servicio a cliente, reclutamiento, quejas de stakeholders, cuestiones de RP e incluso ventas (¿cuántas oportunidades comerciales se habrán perdido por ejecutivos a los que les dio flojera mandar un forward al departamento comercial o al call center? ¡Sólo Dios sabe!)
b) ¿Es un pedido de trabajo que no provenga directamente de un superior? Si es éste el caso, es probable que el ejecutivo haga caso omiso del mail y piense: “¡Ash!, ya lo haré cuando tenga tiempo. ¿Qué se creen estos de administración?” Acto seguido, regresarán a chatear en el messenger. Por cierto, si a estos ejecutivos se les cuestiona la necesidad de contar con messenger en sus computadoras, contestarán indignadísimos que les es imprescindible para estar comunicados con sus pares en otras oficinas del corporativo y algunos clientes claves (o sea: ¡para dizque estar vinculados con las mismas personas a las que ni siquiera se dignan a responderles un miserable mail!).
Si es un mail del “jefazo”, la realidad cambia totalmente: en ese escenario hasta imprimirán el mail y le contestarán que el pedido será atendido ipso facto, no sin antes copiar el asunto a media empresa; aunque, en la praxis, lo atenderán cuando acaben de platicar con su novia en el messenger. Esta dinámica ha redundado en que hasta el personal más bajo de varias empresas, consciente de la flojera ajena, mande siempre copias de los pedidos más nimios a otros departamentos al director general, quien harto del bombardeo acepta en las juntas frente a su “círculo interno” que ya “ni lee sus mails”, por lo que les termina dando un mail externo (Yahoo!, Hotmail o Google) a los miembros de su staff. (Cuando el director es de alto perfil, el mail “oficial” es leído por su secretaria, cuyo criterio de ponderación para responder es aún más caprichoso e insondable que el del ejecutivo de medio pelo.)
“Si es importante, mándenmelo al de Yahoo!”, solicita el jefe de manera un tanto ridícula.
c) ¿Viene de un cliente, colaborador o proveedor externo? Si es un asunto que les interesa, como el cierre de un contrato importante, responderá de manera inmediata, no sin antes, claro, copiar el mail a sus compañeros (“para que vean de qué lado masca la iguana”) y al jefe (revisar punto b); si es una broma o una cadena que a su juicio es chistosona, interesante o de “servicio a la comunidad” (al estilo de “No le dejen su coche al valet parking de Perisur, ¡porque ahí roban!”), el mail correrá como pólvora al interior de la organización; si es cualquier otra cosa, en especial solicitudes de servicio o atención, el mail no obtendrá respuesta, ni en ese momento, ni al día siguiente ni nunca.
Ya después, una vez que el cliente, aliado, colaborador o proveedor le llame histérico a toda la empresa, o le mande un mail al jefazo (a la dirección externa de Yahoo!, Hotmail o Google, pues recuérdese que el “big chief” no lee los que le llegan al remitente oficial de la empresa que viene en su tarjeta/ revisar de nuevo punto b), el personaje en cuestión argumentará, en el marco de la junta semanal y con todo el cinismo del planeta, que nunca recibió ningún mail del quejoso, no sin antes soltar una perla como: “es que anda mal mi correo, ya le mandé un mail al de sistemas, ¡pero no me ha respondido!”
- Bueno, que le hablen a este cliente, porque está enojadísimo. Y por cierto, ya les dije que no anden pasando mi mail de Yahoo! a personas ajenas al staff. Si es de afuera, ¡que me manden el mail a la dirección de la compañía! – sentencia el indignado jefazo ante un montón de cabezas que asienten sin chistar, ya sin siquiera detectar la ironía surrealista de la situación.
d) ¿Tengo tiempo para contestarlo? El ejecutivo mexicano siempre está ocupado y nunca tiene tiempo para nada. No importa la época del año, si usted le pregunta, le contestará irremediablemente que “anda en la loca”. En la mayoría de los casos, por supuesto, esto es una vil mentira. No obstante, de repetirla tantas veces, los ejecutivos terminan por creerla; y es que varios llegan un punto de ruptura mental en el que su cerebro considera como “asunto laboral” toda actividad que pase por una computadora, lo que incluye pláticas con amigos y novia (o novio) en el messenger y la constante revisión de redes sociales como Facebook o Hi5.
Recomendación: cuando uno de estos especímenes argumente que no le ha contestado porque ha estado “a full” de chamba y no ha tenido tiempo de leer sus mails, simplemente revise el Facebook o el Twitter del susodicho: le apuesto lo que sea a que a lo largo del día ha actualizado, por lo menos, cinco veces su status, subido 20 fotos y agregado a 50 nuevos amigos.
¿La leyenda que reza en su último update de status? “¡Estoy hasta el gorro de chamba!” (F) Cómo obtener un aumento
Lunes. 9:30 am. Optimista monólogo interno del señor X, fiel trabajador de la empresa Z: ¿Hace cuánto trabajo en esta empresa? ¿Cinco años? Me merezco un aumento. ¿Qué otro empleado trabajo con tanta eficiencia y supero los objetivos? Yo yo y yo. No hay de otra: es hora de ir con el jefe y pedirle un aumento, no uno decorativo de 20 por ciento, sino uno de, digamos, un 35 por ciento. Es una cuestión de justicia. El viejo va a tener que dármelo. ¡Soy el mejor! Lunes 10:00 horas. Diálogo entre el señor X y su jefe. El jefe: Qué tal, ¿en qué lo puedo ayudar? Señor X: Sí, pues como usted sabe ya llevo cinco años aquí y he estado pensando en que es tiempo de que tenga un buen aumento de sueldo, ya que los proyectos que han estado a mi cargo han sido ampliamente redituables y han superado las metas. El jefe: Lo entiendo. Me parece válida su petición y quiero que tenga la certeza de que lo voy a considerar para el futuro. Sin embargo, en este momento es imposible debido a que con la expansión de las oficinas se han reducido los presupuestos. Además las variables macroeconómicas, como sabe, nos son adversas y la mayoría de los analistas espera una recesión. Señor X: Sí, pero ya llevo cinco años aquí y … El jefe: Lo entiendo, pero la empresa no está en condiciones. Señor X: Pero es que jefe… El jefe: ¡Adiós! Lunes 20:00 horas. Penoso incidente en la cama del señor X. Novia del señor X: ¿Qué te pasa mi vida? ¿Te preocupa algo? Señor X: Lo siento, no estoy de humor para esto, es que ese viejo bastardo no me quiso aumentar el sueldo. Lo peor es que ya me quemé. ¿Qué demonios hago? Recapitulando La negativa de un aumento es capaz de reducir al ejecutivo más arrogante en toda una fuente de impotencia. En principio, lo que ofende es la injusticia (“he superado los objetivos”), la cual se transforma en rencor (“ese viejo bastardo”), que deriva en impotencia (“no estoy de humor”) e incertidumbre (“¿qué demonios hago?”). El problema es que la mayoría solicita un aumento de sueldo de la misma manera en que un hijo se acerca a su padre cuando saca buenas calificaciones: en busca de una recompensa, como si uno fuera un buen perro que se merece un hueso. Cuando pedimos un aumento basados en expectativas meramente emotivas, no sólo nos exponemos a que la negociación termine a la primera negativa, sino que reforzamos el rol de autoridad del “jefe” y el rol de sumisión del “empleado”, lo que hará aún más difícil que prosperen otras peticiones. De acuerdo con William Ury, autor de Más allá del No, antes de sentarnos a negociar debemos considerar: 1. Es fundamental distinguir qué es lo que nos importa, pero sobre todo qué es lo que realmente le importa a la otra parte. 2. El grueso de las negociaciones fracasan porque se centran en un juego de sumatoria cero, donde sólo hay dos soluciones posibles: a o b. 3. La razón por la que se negocia es que se van a obtener mejores resultados que si no se negocia. Hay que hacerle saber a la otra parte que es preferible una buena negociación a una negativa. 4. Nunca se debe tomar una negociación laboral como algo personal. El que se enoja, pierde. Supongamos cómo hubiera sido la negociación del señor X si éste se hubiera preparado bajo la guía de estos cuatro lineamientos. Señor X: Jefe, he estado pensando en que merezco un buen aumento de sueldo, ya que los proyectos que han estado a mi cargo han sido ampliamente redituables para la compañía y han superado las metas. El jefe: Lo entiendo perfectamente. Me parece válida su petición y quiero que tenga la certeza de que lo voy a considerar. Sin embargo, en este momento es imposible debido a que el corporativo ha reducido los presupuestos y no hay manera de dar aumentos. Señor X: Comprendo que la empresa enfrenta un momento complicado y quizá no tenga una gran liquidez en los próximos meses (NOTESE COMO EL SEÑOR X YA LE HIZO SABER A LA OTRA PARTE QUE ESTA CONSCIENTE DE SUS PREOCUPACIONES). Y es por eso que quisiera que analizáramos la posibilidad de un aumento escalonado o quizá un bono por el cumplimiento de los objetivos de este año. Y es que he estado analizando los números y creo que es muy posible que pueda motivar a mi gente para superar en un 30 por ciento los objetivos de 2008. (NOTESE QUE EL SEÑOR X YA SUGIRIO QUE NO SOLO PIENSA CUMPLIR CON LOS OBJETIVOS DE ESTE AÑO, SINO QUE LANZA LA IDEA DE QUE PUDE TRAER UN 30 POR CIENTO EXTRA SI SALE CONTENTO DE LA REUNION). De hecho, antes de entrar a la reunión le mandé un mail que explica las nuevas proyecciones y cómo las planeamos conseguir (EL SEÑOR X DESPERSONALIZA LAS COSAS AL APELAR A UN INFORME SERIO QUE HACE VER SU SOLICITUD COMO UNA DECISION DE NEGOCIO, Y NO COMO UNA PETICION PERSONAL QUE ALGUIEN HACE PORQUE CREE QUE SE HA PORTADO BIEN). El jefe: Me parece interesante. En la tarde lo analizo y nos reunimos mañana a primera hora (NO QUEDA OTRA MAS QUE PENSARLO. EL SEÑOR X ESTA HABLANDO DE UN 30 POR CIENTO MAS DE DINERO. Y SI PARA ASEGURAR ESE 30 POR CIENTO HAY QUE DARLE UN AUMENTO, PUES HABRA QUE CONSIDERARLO). Conclusión Obviamente, la realidad es más complicada que esta crónica. Hay empresas que no negocian aumentos, los anuncian o no; hay otras que pretenden consultar las negociaciones con el empleado, y crear así la ilusión del consenso para “convencerlo” de que la empresa no está en condiciones de otorgarlos porque no está en una situación boyante, a la vez que dejan abierta la posibilidad de que la corporación le reconocerá sus méritos si las cosas salen bien en un futuro mediato (lo que le suena absurdo a un ejecutivo talentoso que le ha aportado valor a una empresa de la que no es dueño ni accionista), y hay otras donde la simpatía personal es un factor determinante. Sin embargo, nunca está de más saber cuáles son todas las armas a nuestra disposición cuando se llega a una situación crítica de negociación, sea un aumento, un despido, o hasta la entrada a una nueva aventura laboral. (F) Sexo en la oficina
De entre los tópicos más espinosos de la vida laboral, quizá ninguno sea tan potencialmente destructivo para los participantes como el del sexo en la oficina, pues se han convertido en un asunto imposible de normar.
Antes, cuando las mujeres ejecutivas brillaban por su ausencia y la aplastante mayoría de los ejecutivos aspiraba a casarse entre los 25 y 35 años, los encuentros sexuales en la oficina se reducían básicamente a manifestaciones de status; es decir, a la clásica relación entre el jefazo y su secretaria, que si bien era algo de mal gusto y muy a tono con los viejos usos y costumbres empresariales, no impactaba sustancialmente el proceso de toma de decisiones de una compañía.
Hoy, si bien las cosas no han cambiado con la rapidez que quisiéramos, es innegable que las mujeres ocupan puestos de poder real. Además, las expectativas se han transformado; cada vez más hombres y mujeres desean realizarse profesionalmente antes de casarse, lo que ha redundado en un incremento importante en el número de ejecutivos ambiciosos y solteros que se dedican en cuerpo y alma al trabajo.
Con jornadas de hasta 14 horas diarias, las posibilidades de conocer parejas potenciales se reducen de manera dramática. En la mayoría de los casos, los lugares tradicionales de encuentro entre solteros–bares, fiestas, reuniones— tienden a perder importancia una vez que la persona cruza los treinta años (sobre todo cuando se es un adicto al trabajo que está demasiado cansado para salir a “ligar” un viernes por la noche). La oficina, en cambio, es un lugar donde la gente comparte intereses similares y se cuenta con una idea general sobre la persona antes de relacionarse con ella.
Las cifras indican un cambio de percepción. De acuerdo con un reciente reporte de la Sociedad de Management de Recursos Humanos (SHRM, por sus siglas en inglés), de un universo de 617 compañías trasnacionales, el 72 % no cuenta con una política definida que prohíba relacionarse sentimentalmente con alguien de la oficina; otro 14 % sostiene que, si bien no tiene una política escrita, sí se preocupa en crear un ambiente que las desaliente, y sólo 13 % se opone rotundamente a los romances entre compañeros laborales. En el mismo reporte, 55 % de los directores de Recursos Humanos afirma que, en su experiencia personal, alrededor del 50 % de los romances en la oficina culminan en matrimonios. Un porcentaje mucho mejor que el de, digamos, un romance que inicia en una discoteca.
He aquí unos consejos a seguir en caso de que aparezca esa contingencia llamada amor:
*Conoce las políticas de tu empresa. Antes de embarcarte en un romance, investiga si la empresa cuenta con políticas al respecto (escritas o no escritas). Asimismo, si el romance es entre dos personas del mismo equipo de trabajo, sondea la postura del jefe respecto a esta clase de relaciones.
*Intenta relacionarse con personas ajenas a su división o departamento. Si vas a utilizar a la compañía como un punto de encuentro sexual, intenta relacionarte con gente fuera de tu departamento y de un status similar al tuyo. Además de ahorrarte potenciales dolores de cabeza, esto te permitirá hacer pública tu relación con limitadas reacciones adversas por parte de tus compañeros.
*Evita las relaciones jefe/subordinado. No sólo porque es una clase de romance que nunca se logra librar de las sospechas de que en realidad es una velada forma de prostitución y dominio (el jefe que consigue favores sexuales vía la amenaza del despido), sino porque también tiende a crear conflictos en el equipo de trabajo, que por lo general resiente el favoritismo que supone esta clase de relación (afrontémoslo: ¿despedirías a tu novia o novio si hace mal su chamba?). En lo que se refiere a los enamorados, no importa si al principio todo luce maravilloso; en caso de ruptura, más allá del grado de madurez que crean tener las partes involucradas, la relación laboral va a quedar dañada. Peor aún, si la ruptura es amarga se corre el riesgo de exponer a la empresa a venganzas en forma de acusaciones de acoso sexual. Si el romance se torna inevitable, mantenlo en secreto el mayor tiempo posible.
*Evita ufanarte del asunto. En especial evita los detalles íntimos. Piénsalo: esos mismos compañeros terminarán por filtrar la información al resto de la oficina. Tu pareja puede sentirse ofendida cuando escuche que andas diciendo que “lo hicieron en el salón de copiado”.
Más info: Leer Does Office Sex Increase Productivity? y Tips About Dating, Sex and Romance at Work Contacto: lozone8@hotmail.com
|
|
|