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MTV, ¿adiós a la estrella de video?
Nada en la historia de los negocios sucede sin anunciarse; todo cambio está sustentado en inercias que, frente a un detonador apropiado, explotan y se hacen evidentes. Gracias a que logra entrelazar avances en los mundos de la empresa, la cultura, y la tecnología en una sola referencia masiva, el momento en el que sucede esa explosión generalmente queda impreso de una manera iconográfica en la psique colectiva. La transmisión del primer video de MTV: Music Television (1) el primero de agosto de 1981 -Video killed the radio star, de The Buggles-, fue uno de esos gloriosos instantes. El medio era el mensaje, y el mensaje el medio. En los 80, la imagen televisiva reinó sobre el mero sonido, por lo que MTV no tardó en erigirse como el epicentro de la música pop. Las cadenas de radio dejaron de ser las generadoras del “buzz” musical. Todo giraba en torno a la amalgama entre sonido e imagen que el canal transmitía las 24 horas, los 365 días del año.
Para los 90, la influencia de MTV se tornó aún más omnipresente. La cadena había dejado de ser un mero canal anglosajón de videos musicales: con presencia en todo el orbe, incluida Latinoamérica (donde inició operaciones en 1993), MTV se había convertido en el epicentro de la cultura occidental juvenil. Si una expresión o producto cultural no se difundía por la cadena, simplemente no existía, por lo menos para el llamado mainstream. MTV había logrado posicionar su marca de una generación a otra gracias a su alta flexibilidad y olfato para detectar las tendencias que definían a la época: de Michael Jackson y la estética videoclipera de sus inicios, a la institucionalización de hip hop a mediados de los 90, pasando por la explosión del grunge y las boybands, la cadena siempre se mantuvo en el “aquí y el ahora”. No es casual, por ejemplo, que conceptos como los reality shows (The real world) y la animación de vanguardia (Aeon flux, Plymptoons), lugares comunes de la televisión actual, hayan sido innovaciones de MTV en los 90.
En la presente década, sin embargo, la historia ha sido muy distinta. En estos “double o’s”, la incapacidad de sus ejecutivos para leer la revolución online y una notoria confusión en leer a su audiencia han redundado en una peligrosa erosión de su marca, la cual podría acrecentarse dramáticamente si la cadena no logra salir avante de la presente crisis económica, la cual le ha obligado a recortar varias plazas laborales y a repensar intensamente su estrategia para este año. El ocaso de la videostar
A fines del 2008, MTV eliminó Total Request Live (TRL), el programa en vivo transmitido desde Nueva York donde la audiencia core del canal, un target predominantemente adolescente y veinteañero, votaba diariamente por sus videos favoritos. Más que ser un simple conteo de videos, TRL era una vitrina cultural que permitía conocer los gustos y aversiones del adolescente estadounidense. En sus buenos tiempos, con más de un millón de televidentes diarios y anunciantes en lista de espera, TRL fue uno de los productos comerciales más exitosos de televisión por cable. No obstante, durante los últimos 24 meses, el rating se desplomó. El cambio generacional de la audiencia implicó un cambio en las tendencias de consumo: los adolescentes de hoy no le ven el caso a esperar a ver su video favorito cuando lo pueden ver a la hora y las veces que quieran por Youtube, Vimeo o cualquier otro sitio de Internet. Ironías tecnológicas: Internet mató a la estrella de video.
Este giro en el consumo de medios tomó mal parada a la cadena. La estrategia online de MTV, hasta hace muy poco, era un desastre. De hecho, MTV perdió una de las pugnas de negocios más discutidas de la década: la lucha por comprar MySpace en 2005 (un activo vital para entrar al universo de la música online), cuya perdida ante News Corp., de Rupert Murdoch, quien pagó 580 millones de dólares por el sitio creado por Tom Anderson y Chris DeWolfe. Exasperado por el fiasco, Sumner Redstone, el octogenario líder de Viacom (compañía madre de MTV), no dudó en correr a varios de sus ejecutivos, quienes fracasaron en comprender la importancia de MySpace.
Una queja común respecto a la MTV de hoy, sobre todo entre personas de más de 25 años, es su viraje hacia los reality shows. En realidad, la estrategia es correcta en términos conceptuales: es muy factible que el adolescente de hoy, obsesionado con la fama y el vouyerismo, encuentre más atractivo The Hills y From G’s to Gent’s que, digamos, un programa musical estilo Headbanger’s ball. Sin embargo, durante la segunda mitad del 2008, en un esquema cultural dibujado por la crisis y la necesidad de cambio, estos programas se antojaban fatuos y poco relevantes, incluso para sus espectadores más frívolos. La caída de 23% en los ratings del último trimestre de la división de Estados Unidos (2) reafirma esta percepción. En respuesta al desplome, MTV USA ha mandado producir una serie de realities motivacionales y comprometidos que apelen a la “generación Obama”. La mayoría de los analistas, como señala una nota de Variety (Diciembre, 2008), se muestran escépticos de que logren recuperar la credibilidad en el target de 12 a 34.
¿Y Latinoamérica?
La crisis de MTV es global y evidente en los 162 países donde se transmite su señal. De acuerdo con datos del IBOPE, MTV Latinoamérica (3) no sólo ha perdido rating de manera sistemática en los últimos tiempos, sino que ha registrado algunas derrotas francamente preocupantes. Por ejemplo: en varias ocasiones, Telehit, la cadena propiedad de Televisa y liderada por Guillermo del Bosque, le ha ganado a varios programas estrella de la otrora cadena de videos, incluidas algunas de las repeticiones de sus Video Music Awards. (Imagino que para los productores de MTV, tan convencidos de su personalidad cool, debe ser humillante perder ante cosas como Las pellizcadas de Doña Márgara o La guerra de los chistes.)
Ahora bien, no todo está perdido. Pese a que ha recortado su personal y su programación ha visto tiempos mejores, el talento creativo de MTV es perfectamente capaz de reconectarse con el espíritu de su época y asumir estrategias comerciales agresivas que la redimensionen como una fuerza cultural global. En entrevista, Vicente Solís y Juan Méyer, VP de Contenido y de Director de Mercadotencia de MTV México, respectivamente, delinean algunas acciones importantes en ese sentido. El primer paso fue el lanzamiento de Mtvmusic.com, un sitio que alberga una biblioteca de 16,000 videos, una mezcla de novedades y clásicos, que a la vez que se inserta en el mercado online busca apelar a una audiencia mayor al incluir perlas vintage de la primera década del canal. Por otro lado, se el MTV World Stage y MTV Push, dos iniciativas que buscan reposicionar al canal como un poder real en la industria musical. MTV World Stage, en específico, es una idea en extremo explotable: la transmisión de un concierto en cadena simultánea a los 162 países donde se transmite el canal, los viernes por la noche. Es decir, mediante un patrocinio masivo de World Stage, que inicia transmisiones el 27 de febrero con un concierto de Coldplay (y al que le seguirán recitales de grupos como Kings of Leon y REM), una marca podría alcanzar un público potencial de cientos de millones de televidentes alrededor del mundo.
Conclusión
MTV posee un reconocimiento de marca que impide vaticinar pronósticos catastrofistas. Es más: pese a sus numerosos problemas, es probable que logre dar la pelea en las modalidades multiplataforma que definirán cada vez con más intensidad al entretenimiento. Sin embargo, los tiempos en que MTV era el referente más importante de la cultura juvenil, aquellos gloriosos días en que la estrella de video era celebrada por todo y se ufanaba de haber matado a la estrella de radio, probablemente han terminado. (F) (1)MTV: Music Television es parte de MTV Networks, que incluye las marcas VH1 Nickelodeon, TMF; VIVA, Flux, Paramount Comedy, Comedy Central, Game One, Neopets, GameTrailers, Shockwav, Addicting Games, Atom Films y Xfire. MTV Networks es una unidad del gigante Viacom. Para ver una radiografía de las propiedades de Viacom, da click “aquí”. (2)En Estados Unidos existe un paquete de 4 canales de MTV: MTV (orientado al adolescente promedio), MTV 2 (orientado a un público más alternativo que gusta del rock y hip hop), MTVtr3s (orientado al público latino) y MTVU (orientado a los universitarios). (3)MTV Networks Latinoamérica opera las cadenas MTV Latinoamérica, VH1 Latinoamérica, Viacom Networks y los canales digitales de MTV Networks (MTV Jams, MTV Hits y VH1 Soul).
*Más sobre su primer
libro de negocios, Responsabilidad Social Empresarial, "aquí"
Medios en crisisUno de los sectores más afectados por la crisis es el compuesto por los medios de comunicación. La batalla por sobrevivir es brutal y está llena de sorpresas. Para comprender lo que sucede, pero sobre todo lo que se avecina, entrevistamos a Francisco Vidal Bonifaz, consultor de imagen, periodista de negocios, creador del blog La rueda de la fortuna y autor del bestseller Los dueños del cuarto poder (Planeta 2008), libro donde realiza una rigurosa y desideologizada radiografía económica de los conglomerados mediáticos. En términos grosos, ¿cómo va a pegarle la crisis a la industria mediática? La crisis va a pegar de manera diferenciada en diversas áreas de la artillería mediática. Ya estamos viendo sufrir a periódicos como el Washington Post, el grupo Tribune, el New York Times, etcétera. La prensa escrita es la más afectada. En una posición intermedia se encuentran los grupos con producción televisiva, quienes si bien van a sufrir, como lo estamos viendo ahora con Viacom, cuentan con más posibilidades de sobreponerse. Quienes cuentan con una mayor ventaja frente a la crisis, e incluso pueden verse beneficiados de ella, son los medios digitales. La masa mundial de publicidad no va a crecer, pero el reparto de esa masa va a favorecer más a Internet, que es un medio más medible y barato. Además, el público se está dirigiendo a la Red. El sitio de El Universal, por poner un ejemplo mexicano, registra 600,000 visitantes diarios, y no tira más de 100,000 ejemplares. Las peculiaridades geográficas también van a jugar un papel importante. Los grupos con mayor presencia en Asia, donde aparentemente la crisis va a pegar menos, saldrán más beneficiados que los que concentran su producción en occidente. Los medios que dependan del gasto del consumidor también sufrirán más. Es posible que se concreten más fusiones y algunos jugadores menores desaparezcan, pero veo poco probable que veamos cambios telúricos en los grandes grupos mundiales: Time-Warner, Viacom, NBC Universal (de General Electric), News Corp, Walt Disney y Bertelsmann. La crisis acelerará la desaparición de los periódicos. Definitivamente. En general, la prensa escrita experimenta cuatro tendencias desfavorables: uno, el alto precio de las materias primas, en específico el del papel, que ahora está por los cielos; dos, la caída de la publicidad, o por lo menos un reparto diferente que no beneficia a los impresos; tres, un cambio de tendencias en el consumo, donde los lectores reciben sus noticias en formato pantalla, y no en papel, y cuatro, un empecinamiento de los periódicos en dirigirse sólo a los enterados, a la clase política o dominante, que es un factor que juega mucho aquí. La crisis ya está pegando con fuerza en México: parte de Reforma ya voló; parte de Notmusa, que era el grupo que editaba El Centro, también voló, y desafortunadamente, existen fuertes candidatos a caer, como serían El Financiero, Monitor, y Unomásuno. Yo diría que también sobra un diario deportivo, que obviamente no es Récord, por lo que probablemente sería Ovaciones o Esto. ¿Para qué querría (Mario) Vázquez Raña mantener dos periódicos deportivos? ¿No se trata de una mera corrección del mercado? Quizá sea más saludable contar con menos periódicos y más lectores. Tienes razón en el sentido de que puede ser una corrección del mercado. Hay un exceso de cabezales. Los que más tiran es El Universal, Reforma y La Jornada, y si ves sus tirajes, sean los que registran en los libros de publicidad, o sean los que registran en Gobernación, son muy reducidos. Ahora, no todo es negro: existen algunas oportunidades para los impresos en la crisis. Es muy probable que la prensa económica experimente un repunte por la curiosidad de la gente. Esa es la tendencia. Por eso Rupert Murdoch compró Dow Jones /The Wall Street Journal, y por eso aquí El Economista encontró comprador. Eso hace ahora más apetitoso a El Financiero. Pese a sus problemas, es un diario muy atractivo. Sin duda. El Financiero posee una imprenta y buena distribución, además de que cuenta con una agencia, Finsat. No me explico por qué han experimentado tantos problemas económicos. La prensa de negocios es muy noble: estable y con demandas muy instaladas. No entiendo las complicaciones de El Economista y El Financiero, en verdad no las entiendo. Varios amigos en agencias de medios me han comentado que colocar anuncios en periódicos a veces luce como un ejercicio inútil. Si el sector ejecutivo lee sus noticias en formato pantalla, ¿para qué gastar en impresos, así sean especializados? O si tengo un producto de consumo general, ¿para qué anunciarme en tirajes nimios? Muchos lo siguen haciendo simplemente porque al cliente le gusta contar con un “testigo” o prueba física de su campaña. Sí, puede ser, aunque todo es proporcional a la segmentación de la audiencia. Quizá si eres un producto de consumo popular te convenga un anuncio en La Prensa. Por otra parte, la prensa escrita todavía funciona bien para los anuncios de ocasión. Los anuncios de sexoservicio han crecido tanto en los periódicos que en Europa incluso ya están provocando problemas de regulación. Estos anuncios son pequeños, pero multiplicados por mil, pues le generan una cantidad considerable al medio. Alguna vez me platicaron, medio en broma, que si El Universal prescindiera de la redacción generaría más ganancias. Si sólo contarán con el Aviso oportuno, ¡todo sería ingreso! Si
deseas leer la entrevista completa, haz click “aquí”
El caso Martí y el descontento empresarialPocos casos criminales han conmocionado tanto a la opinión pública como el reciente secuestro y asesinato del adolescente de 14 años Fernando Martí. ¿Qué es lo que diferencia al caso? Tristemente, no es su crueldad (tanto en el DF como en el norte del país se han registrado casos aún más violentos), ni tampoco sus detalles grotescamente pintorescos (La banda de la flor, supuesta perpetradora del crimen aún está lejos de la teatralidad del “mochaorejas” Arizmendi ), o su modus operandi (es lugar común que los secuestradores se hagan pasar como policías, como fue en este delito). No, su significancia radica en el alto perfil del padre del secuestrado: Alejandro Martí. Alejandro Martí, líder de Grupo Martí, conglomerado innovador en materia de marketing deportivo y que incluye las tiendas Martí y los exitosos gimnasios Sport City, acababa de ceder la propiedad y control de su empresa a la familia Harp, quienes se calcula le han inyectado alrededor de 600 millones de dólares de capital al proyecto (570 millones por la compra, y otros 30 millones adicionales). A fines del año se especuló que en realidad había sido una toma hostil por parte de los Harp, lo cual fue desmentido públicamente por el mismo Martí en diversos medios: “no es una oferta hostil, es una oferta generosa y pública que nos permitirá crecer aceleradamente.” Hostil o no, lo cierto es que la compra ocupó las primeras planas financieras y ratificó a Alejandro Martí como uno de los empresarios más importantes de México. Esa fama, aunada a la ubicuidad de la publicidad de los Sport City, seguramente atrajo la atención de los secuestradores. Visto en términos pragmáticos, los empresarios más redituables para los secuestradores son aquellas personas poseedoras de un amplio flujo de efectivo, pero cuya fortuna no los haga tan notables como para contar con redes de influencias capaces de aplastarlos. Es decir, hombres de negocios que no puedan generar una presión tal en la opinión pública y en los corredores políticos que obligue al gobierno a perseguir el caso hasta sus últimas consecuencias. Alejandro Martí no responde a esta descripción; por el contrario, es un hombre de influencia y con contacto directo con los principales actores de las esferas empresariales, políticas y mediáticas del país. Es por esto que la tragedia de su hijo no puede ser leída como un secuestro más; es, en sí mismo, algo que escapa a un mero acto criminal. No importa en verdad si existía o no por parte de los criminales una intención ulterior que rebasara la sola ganancia económica, el alto empresariado mexicano, así como otros grupos vinculados al proceso de toma de decisiones del país, lo interpreta como un mensaje aterradoramente directo: si le pasó al hijo de Alejandro, le puede suceder al hijo de cualquiera. Miedo y desestabilización No es, desde luego, la primera vez que se opera contra un personaje de estas características. En los 90, por nombrar los ejemplos más conspicuos, se registraron los secuestros de Angel Losada, Joaquín Vargas, e irónicamente, el del mismo Afredo Harp Helú; todos actos que estuvieron conectados a grupos que poseían rasgos que escapaban al del secuestrador común (como el Ejército Popular Revolucionario, por ejemplo) y que contribuyeron en buena medida a la desestabilización sociopolítica que culminó en la crisis económica de 1995. Los secuestros de Losada y Harp, por ejemplo, intensificaron la fuga de capitales en el atribulado 1994, año en que la lucha por el poder alcanzó tintes sangrientos con los asesinatos de Luis Donaldo Colosio y José Francisco Ruiz Massieu. El asesinato de Fernando también se da en un escenario complejo para el país: encono político a causa del debate en torno a las reformas estructurales y la herida no cerrada de las elecciones del 2006; agudización de la incertidumbre económica ante la crisis alimentaria mundial y el errático comportamiento de los precios del petróleo; inmovilidad de la planta productiva mexicana; repuntes en la inflación y el desempleo y, sobre todo, una abierta lucha en contra del narcotráfico que ha generado una ola de violencia y muerte sin precedente en el país. Si definimos a la desestabilización como el proceso sistemático de acciones violentas e intimidatorias por parte de grupos externos al sistema con el fin de vulnerar el orden institucionalmente constituido, se puede deducir, a manera de hipótesis de trabajo, que la tragedia Martí es palmariamente desestabilizadora: además de ser una muestra de poder de facto de la impunidad del crimen organizado, crea un clima de miedo que puede ser usado para presionar al gobierno de Felipe Calderón. A río revuelto, ganancia de pescadores. Esta muerte oscurece más la relación entre Calderón y el empresariado, la cual ha estado marcada por varios desencuentros: los cuestionamientos a la reforma fiscal (con el famoso IETU y la intentona de eliminar la deducibilidad de las donaciones filantrópicas), las desavenencias con los conglomerados de medios de comunicación electrónicos a causa de la reforma electoral, el resentimiento ante ciertos señalamientos de Calderón en el sentido de que algunos empresarios no han estado a la altura del liderazgo que requiere el país, y ahora la percepción de que el secuestro de Fernando es un efecto colateral de la fallida guerra del gobierno contra el narco (una hipótesis manejada por varios analistas es que, como consecuencia del desmembramiento de los cárteles de la droga, varios de sus miembros se han volcado a la industria del secuestro de alta esferas) . El descontento ya se expresa en voz alta: es el comentario de rigor off the record en entrevistas y tema de reuniones formales e informales entre los pesos completos del empresariado mexicano, quienes sienten que Calderón no los ha apoyado como se debe y que su combate al crimen organizado ha redundado en un ambiente de inseguridad que desalienta la inversión. Muchos de estos personajes, quienes parafraseando al periodista Jorge Zepeda Patterson son los verdaderos amos de México, no piensan quedarse con los brazos cruzados. Conclusión Hace dos años, el periodista Charles Siebert relataba en un notable reportaje publicado en el New York Times cómo una tranquila comunidad de elefantes en Uganda, Africa, se había convertido en una manada asesina y delirante que atacaba aldeanos, se mataba entre sí, violaba rinocerontes y desdoblaba un comportamiento en extremo violento y demencial. ¿Qué les sucedió a los elefantes? El reportaje concluía que frente a la depredación ambiental y el aumento de cazadores, los elefantes alcanzaron un punto de estrés en el que, simple y llanamente, enloquecieron. Incapaces de identificar el origen de la violencia límite a la que habían sido sometidos de manera sistemática durante varios años, los elefantes explotaron con intensidad contra todo lo que les rodeaba, errática e indiscriminadamente. Al final, sumidos en la total confusión, los elefantes terminaron por matarse entre ellos mismos. El secuestro y muerte de Fernando Martí marca un punto de inflexión. Bajo el contexto de la descomposición social que vive el país, no resulta sorprendente que muchos grupos de poder factuales, incluido desde luego el empresarial, comiencen a asumir un mayor protagonismo en el escaparate público; sea para presionar legítimamente a las autoridades, como el caso de la emotiva carta publicada por Harp Helú, para sacar provecho político o reafirmar sus tendencias más retrogradas, como el lamentable caso de quienes pretenden reducir el drama humano del secuestro a una estéril discusión sobre la pena de muerte. El activismo del empresariado mexicano debe apuntar a la demanda de reformar profundamente un sistema de justicia cuya actual inoperancia los convierte hoy en virtuales blancos móviles de la delincuencia; debe de exigir, también, un reporte de resultados detallado y preciso, sustentado en datos duros y estadísticas, y no en las imágenes cursis y patrioteras que caracterizan al discurso de varios funcionarios calderonistas, quienes nos piden creer que “vamos ganando la guerra contra el hampa” de la misma forma en que un adulto le pide a un niño en que crea en la existencia de Santa Claus. Sin embargo, la comunidad empresarial debe ejercer esta presión de manera racional, sin arrebatos reaccionarios, excesos ególatras o enconos que dejen solo y vulnerado al gobierno en su obligada lucha contra la delincuencia. De lo contrario, el México de los próximos meses bien podría asemejarse a esa comunidad de elefantes en Uganda, cuyos integrantes, lejos de atacar al verdadero origen de sus problemas, acabaron siendo sus propios depredadores. (F)
Más artículos del autor sobre negocios, management, marketing y tendencias en altaempresa.com
Más sobre el primer libro de negocios del autor, Responsabilidad Social Empresarial, "aquí" La traición de StarbucksLa lealtad, nos dicen los clásicos, es la más desechable de las virtudes humanas. La sentencia es particularmente válida en la mercadotecnia, donde la vinculación de una marca con el consumidor, más allá del respeto y cariño que se pueda generar en un principio, siempre es endeble, puesto que su regeneración siempre está sujeta a una labor de reinvención por parte de la empresa.
No se trata de modificar el producto de manera constante –a veces es “mejor no arreglar lo que no está roto”-, pero sí de mantenerse atentos a que el contrato inicial con el segmento objetivo no sólo se cumpla, sino que se mejore en aras de transmitir el espíritu que le dio empuje al lanzamiento de la marca. Esa es la diferencia entre vender una experiencia y un mero producto: la preservación de los valores y expectativas que una marca le promete a su público en aras de ganarse su consumo consuetudinario. Cuando se traicionan esos valores, es decir, cuando la marca es desleal con la promesa inicial de consumo en aras de masificarse o abarcar más segmentos de mercado, los fans de la marca, tarde o temprano, terminarán por darle la espalda. Si una marca hoy puede dar fe de esto es Starbucks, la red de cafeterías que hasta hace un par de años epitomizaba lo cool en la Unión Americana y que ahora, tras una serie de pequeñas traiciones al consumidor, experimenta su primera crisis mercadotécnica en ese país. Con más de 15,000 locales en 42 países, Starbucks no sólo es una de las marcas premium del orbe, sino que además se ha convertido en una de las imágenes claves del marketing posmoderno. Gran parte de ese éxito se debe a la visión que su líder, Howard Schultz, denomino bajo el nombre de “teoría del tercer espacio”. En una entrevista que le realicé durante una de sus visitas a México, Scott Bedbury, pieza central de la mercadotecnia de Starbucks en los 90, explicaba así el concepto: “Antes todo giraba en torno al “grano de café” y su calidad. Si tú ibas a una cafetería, por lo general ésta era poca cómoda, con sillas durísimas donde era imposible permanecer sentado más de 20 minutos y espacios reducidos donde se concentraba el calor. Starbucks cambió todo eso, y se concentró en desarrollar un “tercer espacio”, donde el cliente pudiera tomarse un respiro de los otros dos espacios de su vida (la casa y el trabajo) en un ambiente fresco, relajado, con sillones confortables y música relajada de fondo.” La idea le vino como anillo al dedo a un segmento de mercado que emergió con contundencia en los 90, “los adultos contemporáneos”: personas en sus treintas y cuarentas con ansias un tanto desesperadas de sentirse cosmopolitas mediante la adopción de referentes culturales que, si bien distan de ser transgresores, sí les permitan distinguirse del resto (todos conocemos al treintañero Starbucks: usa ropa de marca, nunca sale sin su laptop, bebe caramel machiatto y es fan de bandas cursis al estilo de Keane). Naturalmente, los clientes de Starbucks no se limitan a esta clase de personaje: a ciertas horas del día, el lugar está compuesto por ejecutivos; a otras horas, lo más común es ver adolescentes o veinteañeros, y durante los fines de semana, es común ver a varios padres platicando con sus hijos. Para 1991, los planes de Schultz (quien se rehusaba a reunir fondos a través de franquicias) exigían más efectivo, por lo que fue necesario salir a la Bolsa en 1992, con lo que obtuvo 28 millones para seguir alimentando su extensión. La empresa recurrió a una agresiva estrategia de “cluster” para expandirse: se instalaban en centros de reunión urbanos importantes y abrían locales a escasa distancia unos de otros. Cada centro a su vez era el punto de partida de una expansión posterior hacia los suburbios y zonas más alejadas. Aunque había una inevitable canibalización, la apertura de varios establecimientos estranguló a la competencia de los locales tradicionales que operaban en la zona de una manera menos ubicua. Además, como la empresa era propietaria de sus comercios, no había franquiciatarios molestos por la proximidad entre locales. Así, Starbucks, por lo menos en Estados Unidos, destruyó la idea del “cafecito tradicional”. Ni modo, negocios son negocios. La era de la “comodificación” En 1996, Starbucks inició su expansión global en Tokio. Cuando se expande en otros países, Starbucks no cambia el concepto, sino que intenta mantenerlo lo más fiel posible a la idea original. Lo que sí cambia es su cerrazón a las representaciones de marca y empresas conjuntas. En México, por ejemplo, Starbucks cuenta con alrededor de 220 locales, los cuales son manejados con enorme éxito por Grupo Alsea, de Cosme, Armando y Alberto Torrado. Es curioso: cuando se visita un Starbucks en México, en especial los más grandes, la idea original de Schultz está respetada en extremo, pues en verdad son un “tercer espacio” donde se puede encontrar refugio de las presiones de la oficina o la casa, a la vez que se platica con los amigos o la novia. En cambio, y ése es el problema que hoy enfrenta la marca, cuando se visita un Starbucks en Los Angeles o Nueva York, más que un “tercer espacio”, el local da la impresión de ser un lugar de “pisa y corre”, donde el café es caro y los empleados han dejado de practicar una de las costumbres intrínsecas a la marca, y que por cierto Grupo Alsea ha sabido preservar con atino en nuestro país: saludar cordialmente al cliente y preguntarle su nombre ¿Qué sucedió? Starbucks creció de una manera tan exagerada en Estados Unidos que ha traicionado el concepto del “tercer espacio”, tornándose en una firma masiva más cercana a la experiencia de un McDonald’s que al modelo de los plácidos cafés italianos que inspiraron a Schultz. La amabilidad se perdió, los locales se “afearon”, el número de bebidas enlatadas aumentó, e incluso las máquinas de café sufrieron modificaciones para intensificar su rapidez. El resultado: un desplome de 42% en la acción durante el 2007, motivado por una marcada disminución del consumo durante ese año. Los analistas atribuyen el desplome a la “comodificación” de la marca, lo que ha redundado en que el buque insignia del éxito cool comience a experimentar la primera crisis grave de su existencia. Tampoco se trata de ser apocalípticos. Starbucks sigue siendo una marca robusta que, en caso de experimentar una dramática caída en la Unión Americana, cuenta con una fuente de financiamiento enorme proveniente de su éxito fuera de Estados Unidos. Sin embargo, la situación ha ameritado que el mismo Howard Schultz, quien se encontraba semi-retirado, regresara al puesto de CEO para encargarse de reconectar a la empresa con el espíritu original de la marca. Starbucks ha traicionado los principios con los que construyó su marca en su país de origen. ¿Podrá recuperarlos a tiempo? (F) +Para leer una versión más larga de este artículo, haz click "aquí" +Mauricio González es autor del libro Responsabilidad Social Empresarial, a la venta ya en librerías, tiendas y, con un descuento especial, en LibreríaNorma.com. +Mauricio González va a dar un par de conferencias en ExpoManagement 2008. Si deseas asistir a una de ellas totalmente gratis, visita Altaempresa.com Los amos de MéxicoEn México ser rico parece ser algo malo por naturaleza. Casi siempre existe un halo de sospecha en torno el origen de la riqueza de los potentados mexicanos. Las cifras acreditan la iniquidad: las veinte familias más acaudaladas del país no sólo concentran una proporción superior al 10 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), sino que detentan más de la mitad del valor accionario de la Bolsa Mexicana e influyen, a veces de manera determinante, en el proceso de toma de decisiones del país. En el caso de México, más que hablar de empresas, por lo general se habla de apellidos y castas, sin minusvalorar que algunos de los multimillonarios mexicanos han sabido crear corporaciones de vanguardia que terminarán por trascender la acumulación personal. ¿Son los multimillonarios los verdaderos dueños de México? Y, por ende, ¿también son en buena medida los responsables de sus brillos, así como de sus sombras? La respuesta, en ambos casos, es un rotundo “sí”. Los empresarios más exitosos del país podrán ser los dueños de México, pero en materia de presencia en el imaginario popular, son inexistentes. Sólo basta revisar los noticieros para darse cuenta que la información de negocios ocupa un lugar muy bajo en el criterio editorial de los medios de comunicación electrónicos. Las cosas no cambian mucho en los periódicos, pues siempre se cae en uno de tres escenarios: uno, todos los empresarios son personajes malignos y poco ilustrados que no merecen mayor atención, actitud muy notoria en los diarios de izquierda; dos, lo que importa es derramar tinta en cuestiones financieras y macroeconómicas, y no tanto estudiar el comportamiento de los empresarios mexicanos, actitud clara de algunos diarios de interés general; tres, la información de negocios empieza y termina como un pretexto para publicar numerosos pero insustanciales suplementos comerciales, actitud soterrada de los diarios “especializados”. En consecuencia, la cobertura más profunda ha recaído históricamente en las revistas de negocios, las cuales, además de estar restringidas a un conjunto reducido de lectores, a veces sucumben -sea de manera inconsciente, sea por motivos publicitarios- a la tentación de tratar los casos de estudio como historias triunfalistas que rayan en el publirreportaje. En cuanto a la literatura empresarial, los libros más o menos salvables se pueden contar con los dedos de una mano. En síntesis, de los grandes empresarios mexicanos se sabe muy poco, y a veces, casi nada. Por ello, en verdad aplaudo la aparición de Los Amos de México, un libro coordinado por Jorge Zepeda Patterson, director de Día 7, que se aboca a contar la historia de algunos de los empresarios claves del país. En el libro no están todos los que son, pero sí son todos los que están. Los 11 casos son fascinantes: Carlos Slim, el hombre más rico del planeta; Emilio Azcárraga Jean, líder de Televisa y artífice de uno de los casos más notables de sucesión generacional en la historia moderna de México; Lorenzo Zambrano, quizá el empresario más avanzado de Nuevo León; María Asunción Aramburuzabala, la mujer más adinerada de Latinoamérica; Alberto Bailleres, dueño de Peñoles y Palacio de Hierro; Lorenzo Servitje, fundador de Grupo Bimbo; Roberto Hernández, banquero y “villano favorito” de muchos sectores de poder; Olegario Vázquez Raña, cabeza de Grupo Imagen y Grupo Angeles; Roberto González Barrera, el “maseco” mayor y propietario de Banorte, el último banco mexicano; Jorge Vergara, el pintoresco hombre de negocios detrás de Omnilife, y la familia Ramírez, la casta michoacana que controla Cinépolis. Las plumas detrás de los perfiles provienen de diferentes extracciones: de los combativos Blanche Pietrich y Jenaro Villamil, periodistas identificados a corrientes de izquierda, a Alberto Bello, director editorial de Expansión, la revista de negocios más influyente del país. Especialmente destacable resulta el trabajo de Salvador Frausto Crotte, quien retrata a la perfección los claroscuros de la conservadora personalidad de Lorenzo Servitje, haciendo gala de un estilo narrativo que se mueve entre la admiración, la ironía crítica y la acuciosa reconstrucción de hechos. El saldo es el mejor perfil sobre un empresario mexicano que haya leído hasta ahora. Quizá la única crítica que se le pudiera hacer al libro es que en pocos casos se consigue hablar del empresario como persona tridimensional; es decir, sería absurdo exigirle a estas plumas que revelaran cuál es el “Rosebud” (+) de cada uno de sus sujetos de investigación, pero como sí lo consigue el periodista del Ciudadano Kane, me hubiera gustado contar con una idea más palmaria de sus personalidades, de sus anhelos, de sus temores, de sus pasiones. Limitaciones aparte, Los Amos de México es uno de los libros empresariales más sobresalientes de memoria reciente. Vale la pena.(F) + “Rosebud” es la última palabra que menciona Orson Welles en la cinta Ciudadano Kane antes de morir. La trama gira en torno a las investigaciones de un reportero que intenta descubrir el significado del término entre las personas que lo conocieron. No lo logra, aunque al final se revela que era el nombre del trineo con el que jugaba de pequeño, y que representa la inocencia que alguna vez tuvo Kane, pero que perdió cuando creció y se tornó ambicioso. Chávez vs. Cemex, pleito narcisistaMientras la atención mexicana seguía enfocada en los pleitos internos del PRD y el juego sadomasoquista/flagelatorio que le produce a la nación la debacle de Hugo Sánchez, a fines de la semana pasada, en Venezuela, Hugo Chávez lanzó lo que varios analistas anticipaban desde hace ya varios meses: la nacionalización de la industria cementera, la cual constituye un anuncio inequívoco de la profundización de una brutal ofensiva contra las trasnacionales que operan los resortes esenciales de las operaciones económicas del país venezolano, entre los que destacan los alimentos y la construcción. La andanada nacionalizadora, cuyo fin ulterior parece ser el instaurar un simpático “marxismo bolivariano” en Venezuela (lleno de "boliburgueses", curiosos revanchismos sociales y demás iniquidades pintorescas), inició con el petróleo, siguió con los teléfonos, continuó con la electricidad, ahora avanza con el cemento y probablemente terminará con algunos sectores de la industria alimenticia. Estas son malas noticias para todo el continente, pero son peores para México, un país que posee importantes intereses empresariales en Venezuela. El principal damnificado de la nacionalización cementera, como se sabe, es Cemex, el conglomerado dirigido por Lorenzo Zambrano y quizá la empresa más globalizada con la que contamos (en el sentido más profundo del término). En Venezuela, Cemex posee 33 plantas de concreto y tres de cemento con una capacidad de producción de tres y medio millones de toneladas anuales (las cuales, por cierto, eran vendidas en su mayor parte al gobierno dizque bolivariano de Chávez). El anuncio no le cayó de sorpresa al equipo de Zambrano: todas las compañías mexicanas con operaciones venezolanas habían mantenido un virtual estado de alerta desde hace ya varias semanas, cuando el gobierno de Chávez intensificó el encono pronacionalizador al señalar que Lorenzo Servitje, fundador de Grupo Bimbo, financiaba a grupos de ultraderecha vía la Organización Democrática Cristiana de América (ODCA). Hasta ahora, Chávez no se ha expresado mal de Zambrano (a diferencia de Don Lorenzo Servitje, Zambrano tiene poca cola que pisar en materia de excesos ideológicos que lo conviertan en blanco fácil de dictadores tropicales), y se ha comprometido a pagar un precio justo por las expropiaciones, no sólo a Cemex, sino también a la francesa Lafarge y a la suiza Holcim, las otras cementeras con presencia en suelo venezolano. Narcisista leninista vs. narcisista globalizado En su libro Oro Gris: Zambrano, la gesta de Cemex y la globalización en México, la doctora Rossana Fuentes Berain define a Lorenzo Zambrano como un "narcisista productivo", que si bien nunca deja de ser susceptible a que el lado oscuro de su carácter arrogante y grandioso pueda apoderarse de su persona, ha encontrado maneras y mecanismos de control que han derivado en que su empresa sea una institución global, con un equipo e infraestructura superiores a su propio caudillismo. Chávez es también un narcisista, pero uno de naturaleza más oscura y paranoica, que lejos de controlar su ánimo totalitario y desear el fortalecimiento de las instituciones de su país, las concibe como parte integral de su dictadura. Para Chávez, Venezuela y él son lo mismo, y cualquiera que no esté de acuerdo con eso es mandado al demonio y calificado como traidor, cachorro del imperio, buitre, mal bicho, etcétera. Va a ser interesante contemplar cómo se enfrentan estos dos narcisistas y hasta dónde están dispuestos a llegar, sobre todo si Chávez no paga lo que Cemex consideraría un precio justo por su operación cementera. El pronóstico de la pelea es todavía reservado. Aunque Zambrano, eso sí se los puedo asegurar, no es un tipo que se deje amedrentar, y mucho menos por otros narcisistas.
Por cierto, cuando comenzó su administración, el equipo de Felipe Calderón emprendió una serie de medidas orientadas a restablecer una relación amistosa con el gobierno chavista. La decisión fue muy criticada desde diversos flancos, pues fue interpretada por muchos como una especie de concesión a grupos de izquierda para distensar el áspero ambiente poselectoral. Esa apreciación era injusta: bien visto, el gobierno de Calderón buscaba sanear la relación con Venezuela, tan golpeada por la verborrea de Vicente Fox, en aras de generar un ambiente más relajado para las compañías aztecas (Cemex, Bimbo y Femsa) en el país sudamericano. Sin embargo, ahora que se ha golpeado a Cemex, y probablemente se siga con Bimbo y Femsa, no resulta ocioso preguntar: ¿qué tanto conviene seguir en esa dinámica? Calderón está obligado a responder pronto, o bien podría "salir espinado" con los pesos completos del empresariado mexicano, quienes esperan una postura enérgica al respecto. (F) Más info: The Perils of Petrocracy, de Tina Rosenberg. Sitio oficial de Oro Gris, de Rossana Fuentes Berain. Bimbo, Femsa y Cemex vs. ChávezCon la discutible excepción de Grupo Modelo (propietaria de Corona), Grupo Bimbo es la empresa poseedora de las marcas mexicanas más amadas, tanto aquí como en el extranjero. Con presencia en América, Europa y Asia, de Gansito a Tía Rosa, las marcas de Bimbo no pueden hacer otra cosa más que despertar mi profunda admiración y respeto. Amén de la admiración que siento por la empresa, hay veces en que las posturas de sus fundadores, los hermanos Lorenzo y Roberto Servitje, me producen extrañeza, pues a veces lucen excesivas para el resto de una sociedad cada vez más secularizada y ansiosa de ejercer a plenitud sus libertades individuales. No son pocos ya los botones de muestra a este respecto, y abarcan desde la postura que Bimbo asumió a principios de esta década en el sentido de amenazar con bloquear, vía el retiro de publicidad y la presión económica, algunos contenidos televisivos que a su juicio no correspondían con sus criterios morales (reality shows como Big Brother, programas que cuestionaban a algunos jerarcas de la Iglesia, y hasta caricaturas con valiosos tintes satíricos, como Los Simpson), a la actitud militante de Don Lorenzo en la política, la cual lo ha llevado a apoyar a candidatos de muy dudosos méritos. Peor aún, todas estas actitudes redundan en que un considerable sector de la opinión pública se fabrique una percepción frente a la compañía que ya empieza a ser contraproducente para sus mismos intereses. Ejemplo: los actuales señalamientos del gobierno venezolano, comandado por Hugo Chávez, en el sentido de que Lorenzo Servitje financia, vía la Organización Democrática Cristiana de América (ODCA), liderada por Manuel Espino, a grupos radicales de ultraderecha. Dudo que esto sea verdad (la credibilidad de Chávez es nula); no obstante, dada la imagen que se tiene de Don Lorenzo, el señalamiento se torna creíble para un buen número de personas, razón por la que los medios le han dedicado un amplio espacio a la controversia. Grupo Bimbo no es la única empresa mexicana en la mira de Chávez. Tanto Femsa (propietaria de Cervecería Cuauhtémoc y la embotelladora de Coca-Cola más grande de Latinoamérica) y Cemex (la tercera cementera más grande del orbe), han tenido roces con Chávez, quien al parecer busca un enfrentamiento con empresas extranjeras para justificar la creciente escasez de alimentos en Venezuela. No obstante, el encono que ha tenido más difusión ha sido el de Bimbo por un sencilla razón: ni a José Antonio Fernández (Femsa), ni mucho menos a Lorenzo Zambrano (Cemex), se les ve haciendo proselitismo a lado de personajes cuasifundamentalistas que los hagan blancos fáciles en términos mediáticos de vivales como Chávez. No veo ningún problema en que los Servitje sean practicantes de una intensa religiosidad, ni de que vivan sus vidas bajo esos principios; es más, como podría atestiguar cualquiera que los haya entrevistado, sus oficinas son de una admirable sencillez, reflejo claro de una encomiable humildad. Lo que me cuestionó es si a Bimbo le conviene entrar en un conflicto internacional (quizá la intención ulterior del gobierno de Chávez), todo por empecinarse en no repensar algunas actitudes que a veces se antojan tan o más peligrosas como aquellos excesos que pretende combatir.
Más info sobre el tema: Leer Bimbo, de la admiración al extrañamiento en Altaempresa.
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